Las experiencias de quienes han estado al borde de la muerte

Hay experiencias humanas que resisten cualquier explicación simple, no porque desafíen las leyes de la física, sino porque desafían el lenguaje mismo con el que intentamos describirlas. Las llamadas experiencias cercanas a la muerte (ECM), reportadas por personas que han estado clínicamente muy próximas a morir —tras un paro cardíaco, un accidente grave o una cirugía complicada— y que después relatan haber vivido algo extraordinariamente vívido durante ese período, son uno de los fenómenos subjetivos más estudiados, y a la vez más difíciles de encasillar, de la medicina y la psicología contemporáneas.

Este artículo ofrece una mirada general y humana a ese fenómeno: qué suelen describir quienes lo viven, cómo lo han catalogado sistemáticamente los investigadores a lo largo de las últimas décadas, y por qué se estudia con seriedad científica sin que ello implique aceptar ninguna explicación sobrenatural concreta. La pregunta de qué ocurre exactamente en el cerebro durante estos episodios —las hipótesis neurológicas sobre anoxia, liberación de neurotransmisores y actividad cerebral residual— se aborda con más profundidad en otros artículos de este sitio dedicados específicamente a esa dimensión biológica.

Aunque el término específico «experiencia cercana a la muerte» es relativamente reciente en el vocabulario médico, popularizado sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, los relatos de vivencias similares aparecen documentados mucho antes en la historia del pensamiento occidental. Uno de los ejemplos más citados es el llamado «mito de Er», un relato incluido por Platón en su obra La República, que describe el regreso a la vida de un guerrero dado por muerto en el campo de batalla, tras lo cual relata haber presenciado escenas del destino de las almas. Este tipo de antecedente no demuestra nada sobre la naturaleza del fenómeno, pero sí sugiere que la experiencia humana de «volver» de un estado cercano a la muerte con un relato vívido que contar no es exclusiva de la medicina moderna, sino una constante que atraviesa distintas épocas y culturas.

Un relato con elementos sorprendentemente recurrentes

Lo primero que llama la atención a cualquier investigador que revisa cientos de relatos de experiencias cercanas a la muerte, recogidos en distintos países, culturas y décadas, es la recurrencia de ciertos elementos narrativos, aun cuando los detalles individuales varían enormemente de una persona a otra. No todos los relatos contienen todos los elementos, ni aparecen siempre en el mismo orden, pero existe un núcleo de rasgos que se repite con una frecuencia notable en las descripciones que la literatura especializada ha ido recopilando durante décadas.

Entre los elementos más comúnmente descritos se encuentran:

  • Una sensación de separación del propio cuerpo, a veces descrita como «verse desde fuera» o flotar por encima de la escena.
  • La impresión de desplazarse a través de un túnel o un espacio oscuro hacia una fuente de luz.
  • Una revisión panorámica de momentos significativos de la propia vida, a menudo descrita como muy rápida y, a la vez, extraordinariamente detallada.
  • Una sensación profunda de paz, calma o ausencia total de dolor, incluso en situaciones médicas objetivamente muy graves.
  • El encuentro percibido con familiares fallecidos o con una presencia descrita como «un ser de luz».
  • La sensación de llegar a un límite o frontera, junto con la decisión, propia o impuesta, de regresar.

Conviene ser precisos sobre qué significa esta lista: es una descripción de patrones narrativos recurrentes en los relatos recogidos, no una prueba de que esos elementos correspondan a percepciones de un mundo objetivamente externo al cerebro de quien los experimenta. Son, ante todo, contenidos de una experiencia subjetiva extraordinariamente intensa.

Cómo estudian los investigadores algo tan subjetivo

Uno de los grandes desafíos metodológicos a la hora de investigar las experiencias cercanas a la muerte ha sido, precisamente, cómo estudiar de forma sistemática y comparable algo tan íntimo y variable como un relato en primera persona. Para abordar ese problema, el psiquiatra estadounidense Bruce Greyson desarrolló la llamada Escala Greyson de ECM (Greyson NDE Scale), un cuestionario estandarizado, real y ampliamente utilizado en el campo, diseñado para evaluar de manera consistente la presencia e intensidad de distintos componentes de la experiencia —cognitivos, afectivos, paranormales autopercibidos y trascendentales— y así poder comparar relatos entre sí, hacer seguimiento a lo largo del tiempo y distinguir, con criterios más objetivos, una experiencia cercana a la muerte «profunda» de otra más superficial o de un recuerdo confuso propio de cualquier situación de estrés médico extremo.

Este tipo de herramienta ha sido clave para que las ECM dejaran de ser solo anécdotas sueltas y pasaran a ser objeto de estudio sistemático dentro de la psiquiatría, la psicología clínica y la medicina de cuidados intensivos, con publicaciones en revistas médicas y de neurociencia revisadas por pares.

Investigadores de estas disciplinas han documentado casos, entrevistado a sobrevivientes en las horas o días posteriores al episodio, y comparado sistemáticamente los relatos entre distintos hospitales y países.

El interés científico por este fenómeno cuenta hoy, además, con un grado de institucionalización poco conocido fuera de los círculos especializados. Existen asociaciones profesionales, como la International Association for Near-Death Studies (IANDS), dedicada a reunir a investigadores de distintas disciplinas interesados en el tema, y publicaciones académicas específicas, como el Journal of Near-Death Studies, que somete a revisión por pares los estudios que se publican al respecto. Esta infraestructura académica es, en sí misma, una prueba de que las ECM se abordan como objeto legítimo de investigación, no como curiosidad marginal.

Ciencia seria, sin saltos a lo sobrenatural

Es importante subrayar algo que a menudo se pierde en la cobertura más sensacionalista de este tema: que la comunidad científica estudie las experiencias cercanas a la muerte con rigor no equivale a que haya validado una explicación sobrenatural o una prueba de vida después de la muerte.

Ningún estudio publicado en una revista médica o de neurociencia revisada por pares ha aportado evidencia verificable de una existencia consciente independiente del cerebro, ni de percepciones objetivamente comprobadas durante períodos de actividad cerebral mínima o nula.

Lo que sí está firmemente establecido, y es objeto de consenso entre los investigadores del área, es que las ECM son un fenómeno subjetivo real, extraordinariamente vívido e intenso para quienes lo experimentan, con un impacto psicológico y personal a menudo profundo y duradero.

Numerosas personas describen, tras vivir una experiencia de este tipo, cambios significativos en su actitud ante la vida, una menor ansiedad ante la muerte y una revalorización de sus relaciones personales, independientemente de cuál sea la explicación última del fenómeno. Ese impacto humano es real y merece ser tomado en serio, se comparta o no una interpretación trascendental de su origen.

Un fenómeno del cerebro extremo, no del más allá

La postura de la investigación seria actual —recogida con más detalle en otros artículos de este sitio centrados específicamente en las hipótesis neurológicas, como los efectos de la anoxia cerebral (falta de oxígeno) o la posible liberación de determinados neurotransmisores en situaciones de estrés extremo— es que las experiencias cercanas a la muerte se estudian como un producto genuino de un cerebro sometido a condiciones límite, ya sea durante un paro cardíaco, una hemorragia severa o cualquier otra situación de riesgo vital extremo.

Eso no las hace menos reales como experiencia humana ni menos dignas de estudio científico riguroso; simplemente sitúa su origen dentro del cuerpo y no fuera de él, en tanto no exista evidencia verificable de lo contrario.

Comprender las ECM de esta manera no le resta valor a lo que la persona vivió, del mismo modo que entender el mecanismo neurológico de un sueño vívido no elimina la intensidad emocional con la que se recuerda al despertar.

Es, precisamente, esa combinación —el respeto genuino por la experiencia humana junto con el rigor de no afirmar más de lo que la evidencia permite— la que caracteriza a la investigación seria sobre este fenómeno tan singular como universal.

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Equipo editorial de Rioenigma. Investigamos, redactamos y verificamos cada publicación antes de sacarla, y actualizamos los textos cuando aparece información nueva.

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