El relato occidental de la experiencia cercana a la muerte tiene un guion casi reconocible: salir del propio cuerpo, avanzar por un túnel oscuro, llegar a una luz cálida, encontrarse con familiares fallecidos y, a veces, revisar la propia vida como una película. Ese guion se repite en libros, en programas de televisión y en buena parte de los testimonios recogidos en Europa y en Estados Unidos.
Cuando los mismos investigadores han buscado relatos equivalentes fuera de ese círculo cultural, en la India, en comunidades del Pacífico o en registros históricos de China, el guion cambia. Algunos elementos se mantienen con una constancia notable. Otros, empezando por el túnel, se vuelven raros o directamente ausentes.
Esa variación no es un detalle anecdótico. Es uno de los datos más citados por quienes defienden un origen cultural y neurológico compartido, en lugar de un viaje literal a un destino fijo tras la muerte.
La misma experiencia, contada de maneras muy distintas
Los estudios comparativos sobre experiencias cercanas a la muerte parten de una base modesta: no existe un censo mundial de casos, y buena parte del material disponible procede de sociedades occidentales con acceso a hospitales, a medicina intensiva y a investigadores dispuestos a entrevistar a los supervivientes.
Aun con esa limitación, el material recogido en tradiciones muy distintas entre sí —relatos etnográficos, crónicas históricas y entrevistas clínicas en países no occidentales— permite una primera comparación razonable, siempre que se declare de antemano lo desigual de la muestra.
Lo que emerge de esa comparación es una estructura de dos capas: unos pocos elementos que se repiten con independencia del origen cultural del testigo, y una capa mucho más amplia de detalles que varían de una tradición a otra.
Esa estructura de dos capas no es exclusiva de la experiencia cercana a la muerte. Aparece también en otros relatos de percepción extraordinaria estudiados en distintas sociedades, donde un núcleo sensorial parecido se reviste después con el vocabulario y las figuras que cada cultura tiene más a mano.
Qué elementos aparecen en casi cualquier cultura estudiada
La sensación de separarse del propio cuerpo y observarlo desde fuera es, según las revisiones transculturales disponibles, el elemento más constante de todos. Aparece en relatos occidentales, en testimonios indios, en crónicas del sudeste asiático y en descripciones de comunidades del Pacífico recogidas por antropólogos.
También se repite, con matices, el encuentro con alguna forma de presencia asociada a la muerte: un familiar fallecido, un guía, un mensajero o una entidad con autoridad sobre el tránsito. Lo que cambia radicalmente es quién es esa presencia y qué hace exactamente.
Ese contraste entre lo estructural y lo decorativo es la clave de todo el debate: la arquitectura básica de la experiencia parece compartida, pero el reparto y el vestuario los pone cada cultura.
El estudio que comparó muertes en Estados Unidos y en la India

Uno de los trabajos comparativos más citados en este campo es el que realizaron los investigadores Karlis Osis y Erlendur Haraldsson en la década de 1970, recogiendo relatos de personal médico sobre visiones de pacientes moribundos en Estados Unidos y en la India.
El estudio encontró coincidencias claras: en ambos países, los pacientes describían con frecuencia ver a personas fallecidas antes que a personas vivas, y esas visiones se asociaban a una sensación de calma más que de angustia. Ese patrón compartido es uno de los argumentos que se citan a favor de un mecanismo común subyacente.
Pero también aparecieron diferencias marcadas, y son justamente esas diferencias las que hacen valioso el estudio para la comparación cultural.
El propio diseño del trabajo, basado en entrevistas al personal médico que había presenciado los últimos momentos del paciente y no directamente al paciente reanimado, tiene limitaciones que los propios autores reconocieron: depende de la memoria y de la interpretación de un tercero, no de un relato en primera persona recogido inmediatamente después del episodio.
Gregory Shushan y las civilizaciones antiguas
Otra vía de comparación, distinta de la entrevista clínica moderna, consiste en analizar textos religiosos y funerarios de civilizaciones antiguas en busca de descripciones que recuerden a una experiencia cercana a la muerte. El especialista en estudios religiosos Gregory Shushan ha trabajado en esta línea, comparando fuentes egipcias, mesopotámicas, indias, chinas y mesoamericanas.
Su conclusión general apunta en la misma dirección que los estudios clínicos modernos: ciertos elementos, como la separación del cuerpo o el tránsito hacia otro estado, aparecen de forma recurrente en textos de civilizaciones sin contacto directo entre sí, mientras que la identidad de las figuras que reciben al difunto y el destino final descrito varían de una tradición religiosa a otra según su propia cosmología.
Este tipo de trabajo histórico, aunque no sustituye a la entrevista clínica directa, aporta una perspectiva temporal que ningún estudio moderno puede ofrecer por sí solo: la misma estructura de fondo parece repetirse durante milenios, mucho antes de que existiera ningún libro de divulgación capaz de influir en el relato.
Los mensajeros equivocados: un motivo que no aparece en Occidente
En una parte significativa de los relatos indios recogidos por Osis y Haraldsson aparece un motivo prácticamente ausente en la muestra estadounidense: la figura de un mensajero, a veces descrito con rasgos que remiten a la tradición religiosa local, que llega a buscar al moribundo y en ocasiones se da cuenta de que se ha equivocado de persona, devolviéndola a la vida.
Este motivo del error de identidad tiene raíces reconocibles en la literatura religiosa del subcontinente indio, donde existen relatos tradicionales de agentes de la muerte que confunden a un individuo con otro del mismo nombre. Ningún estudio comparable en población occidental ha registrado ese mismo patrón con esa frecuencia.
Es difícil sostener que un mecanismo puramente biológico universal produzca, de forma espontánea y sin influencia cultural previa, un error burocrático tan específico y tan alineado con una tradición narrativa local concreta.
Investigadores posteriores que revisaron muestras adicionales en distintas regiones de la India encontraron variaciones incluso dentro del propio país, con comunidades donde el motivo del mensajero equivocado apenas aparece frente a otras donde es casi la norma, lo que sugiere que ni siquiera dentro de una misma nación existe un guion único y uniforme.
El túnel y la luz, un montaje muy occidental
El elemento más citado del relato clásico occidental, el túnel que desemboca en una luz, resulta ser también uno de los más desiguales en su distribución cultural. Las revisiones que han buscado ese motivo fuera de Europa y Norteamérica lo encuentran con mucha menor frecuencia, y en algunas tradiciones prácticamente no aparece.
Eso no significa que nadie fuera de Occidente describa jamás un pasaje o un tránsito luminoso. Significa que, cuando aparece, suele tener una forma distinta: un camino, un río que cruzar, una puerta, en lugar del conducto cilíndrico y la luz blanca que domina el imaginario contemporáneo occidental.
Esa especificidad formal, tan reconocible en un idioma cultural concreto, encaja mejor con un guion aprendido y reforzado por la exposición previa a relatos similares que con una imagen fija grabada de la misma forma en cualquier cerebro humano.
Comparar la ECM entre culturas: qué cambia y qué no
| Elemento | Occidente | India | Otras tradiciones estudiadas |
|---|---|---|---|
| Salida del cuerpo | Frecuente | Frecuente | Frecuente |
| Túnel y luz | Muy frecuente | Poco frecuente | Raro o ausente en varios registros |
| Encuentro con fallecidos | Frecuente | Frecuente | Frecuente, con figuras propias |
| Mensajero que se equivoca | Prácticamente ausente | Presente | Variable según tradición local |
| Revisión de la vida | Presente | Menos citada | Descrita en algunos registros asiáticos |
Comparar la ECM entre culturas de esta forma no busca decidir cuál versión es la correcta, sino identificar qué parte del relato depende del entorno en que se cuenta y qué parte parece independiente de él.
Por qué el libro que popularizó el túnel importa tanto
Buena parte de la imagen actual del túnel y la luz se fijó a mediados de la década de 1970 con la publicación de un libro de gran difusión que recopilaba y sintetizaba relatos de pacientes reanimados en Estados Unidos. Su éxito comercial lo convirtió en la referencia cultural dominante sobre el tema durante las décadas siguientes.
Esa difusión masiva plantea un problema metodológico serio para cualquier estudio posterior en población occidental: una persona que ha oído hablar del túnel antes de tener su propia experiencia puede reconstruir después un recuerdo confuso con ese molde disponible, sin que eso implique mala fe alguna por su parte.
Es el mismo mecanismo, bien documentado en otros campos de la memoria, por el que una expectativa previa da forma a un recuerdo ambiguo. La disponibilidad cultural de un guion concreto no demuestra que ese guion sea falso, pero sí obliga a tratarlo con más cautela que a un elemento que aparece sin exposición previa.
Antes de esa publicación de los años setenta, los relatos occidentales recogidos por médicos y por religiosos en siglos anteriores mencionaban con mucha menos frecuencia un túnel propiamente dicho, y hablaban más a menudo de luz, de campos abiertos o de figuras familiares sin ese elemento concreto de tránsito cilíndrico, otro indicio a favor de que la imagen se consolidó y se extendió después de popularizarse.
Los estudios sobre otras tradiciones: China, el Pacífico y los pueblos nativos

Los registros disponibles sobre experiencias cercanas a la muerte en comunidades chinas describen con frecuencia encuentros con antepasados y con figuras administrativas encargadas de revisar un registro de méritos y faltas, una imagen que remite directamente a la tradición burocrática del más allá presente en la cultura china tradicional.
En relatos recogidos en comunidades del Pacífico y entre algunos pueblos nativos americanos, los elementos descritos incluyen paisajes concretos del entorno local, como determinados accidentes geográficos considerados umbral entre mundos, y encuentros con espíritus de la naturaleza más que con figuras humanas fallecidas.
En ningún caso estos relatos incluyen el túnel cilíndrico con luz blanca al final que domina el imaginario occidental actual, lo que refuerza la idea de que ese elemento concreto pertenece más al vestuario cultural que al núcleo del fenómeno.
Lo que cambia incluso dentro de un mismo país
La variación cultural no se detiene en la frontera entre Occidente y el resto del mundo. Dentro de un mismo país, personas de distinta tradición religiosa describen a veces elementos distintos: comunidades budistas o hindúes instaladas en países occidentales han aportado relatos con figuras y escenarios más cercanos a su tradición de origen que al guion dominante en la cultura mayoritaria donde viven.
Ese matiz es importante porque descarta una explicación demasiado simple, la de que basta con nacer en un país concreto para heredar automáticamente un guion fijo. Lo que parece pesar más es la exposición real a un conjunto de imágenes y de relatos concretos, con independencia de la nacionalidad que figure en el pasaporte del testigo.
Lo que la variación dice sobre el origen del fenómeno
La lectura más prudente de estos datos no es que la experiencia cercana a la muerte sea pura fabricación cultural, ni tampoco que sea la prueba de un destino fijo tras la muerte descrito con precisión variable. Es que existe, con bastante probabilidad, un sustrato neurológico compartido que produce sensaciones básicas —salida del cuerpo, encuentro con una presencia, sentido de tránsito— y que cada cultura rellena después con las imágenes, los personajes y el vocabulario que tiene disponibles.
Esa combinación de núcleo compartido y vestuario cultural aparece también en otros fenómenos de percepción extraordinaria estudiados en distintas tradiciones, donde la estructura básica se repite y el contenido concreto varía según lo que cada sociedad ya conocía de antemano.
Esta lectura tiene además la ventaja de encajar con lo que se sabe sobre cómo el cerebro construye cualquier recuerdo, no solo los de una experiencia extrema: primero registra sensaciones fragmentarias y después las organiza en un relato coherente usando el material narrativo disponible, un proceso normal de la memoria que no exige ningún mecanismo exclusivo para este tipo concreto de experiencia.
Las cautelas metodológicas de comparar relatos de culturas distintas
Comparar relatos recogidos en contextos tan distintos exige asumir varias limitaciones honestas. La cantidad y la calidad de los estudios no es la misma en todas las regiones: hay mucha más investigación clínica sistemática en Europa y Norteamérica que en la mayoría de las tradiciones no occidentales citadas.
Además, quien recoge el testimonio también introduce su propio filtro cultural al traducir y al clasificar los elementos del relato, y la traducción de conceptos religiosos concretos a categorías comparables entre idiomas nunca es perfecta.
Con esas reservas, la comparación sigue siendo útil precisamente porque las diferencias encontradas son demasiado sistemáticas para deberse solo al ruido de la traducción o al tamaño desigual de las muestras.
Un estudio bien diseñado en este campo debería, en teoría, recoger el relato en primera persona lo antes posible tras el episodio, con un cuestionario estandarizado y traducido con cuidado por hablantes nativos de ambas lenguas, y evitar exponer al testigo a relatos ajenos antes de completar la entrevista. Muy pocos de los trabajos disponibles hasta ahora cumplen ese estándar completo, lo que deja a este campo con un margen de mejora metodológica todavía amplio.
Preguntas frecuentes
¿Existe algún elemento verdaderamente universal en la ECM?
La sensación de salir del propio cuerpo es el elemento que aparece con mayor constancia en todas las tradiciones estudiadas hasta ahora, aunque incluso ese dato depende de la cantidad limitada de estudios disponibles fuera de Occidente.
¿El túnel es entonces una invención?
No hay pruebas de que se invente conscientemente. Es más probable que sea una forma cultural concreta de interpretar una sensación de tránsito más ambigua, moldeada por la exposición previa a relatos e imágenes muy difundidos en el mundo occidental.
¿Por qué en la India aparece la figura del mensajero equivocado?
Porque coincide con un motivo presente en la literatura religiosa tradicional del subcontinente, lo que sugiere que el relato se construye, al menos en parte, con material narrativo ya disponible en la cultura del testigo.
¿Se ha estudiado la ECM en niños de distintas culturas?
Existen menos estudios transculturales centrados específicamente en menores que en adultos, lo que deja un vacío importante para entender cuánto pesa la exposición cultural previa frente a la edad del testigo.
¿Esta comparación demuestra que la ECM es solo un fenómeno cerebral?
Demuestra que una parte sustancial del contenido depende de la cultura del testigo, lo que apoya un origen neurológico compartido con relleno cultural variable, pero no cierra el debate sobre qué produce exactamente esa base compartida.
