En 1993, un grupo de vecinos del norte de Nuevo México llevó su queja al Congreso de Estados Unidos. Oían un zumbido continuo y grave, más audible de noche y dentro de casa, que les impedía dormir. No lo describían como una sensación difusa: sabían en qué habitaciones se oía mejor, lo comparaban con un motor diésel al ralentí a distancia y coincidían en que empeoraba al apoyar la cabeza en la almohada.
La petición funcionó. Un equipo con investigadores de los laboratorios de Los Álamos y Sandia, de la Universidad de Nuevo México y de un laboratorio de la fuerza aérea instaló instrumentación en las casas de quienes lo percibían: micrófonos de baja frecuencia, sismómetros y sensores electromagnéticos. Encuestaron a la población de la zona y una minoría reducida, del orden del dos por ciento, declaró oírlo.
El resultado es lo que hizo célebre el caso. Los aparatos no registraron ninguna señal acústica capaz de explicar lo que la gente describía. Tres décadas después, el planteamiento sigue siendo el mismo: testigos consistentes, casos gemelos en varios países y una parte del expediente, solo una parte, resuelta a base de planos industriales.
Cinco puntos antes de seguir
- Hay casos resueltos. En al menos dos ciudades la fuente se identificó con instrumentos y se corrigió.
- Hay casos abiertos. En otros, incluido el de Taos, nunca se registró una señal externa que encajara con los relatos.
- Solo lo oye una minoría. Las cifras declaradas rondan el dos por ciento de la población consultada.
- El decibelio A engaña. La medición estándar penaliza las frecuencias graves y puede declarar correcto un ruido que molesta de verdad.
- El zumbido que sí graba un sismómetro no es este. La Tierra tiene una oscilación propia y continua, pero en milihercios, muy por debajo del oído.
Qué se midió en Taos en 1993
La descripción de los afectados era llamativamente uniforme. Un tono grave, sostenido, comparable a un motor lejano o a un altavoz de graves en la casa de al lado. Se oía mejor de noche, mejor en interiores que al aire libre y mejor con la cabeza apoyada. Algunos lo notaban además como vibración en el pecho, más que como sonido.
El despliegue instrumental cubrió el rango acústico bajo y el infrasónico, con equipos capaces de detectar niveles muy por debajo del umbral de audición humano. También se midió el campo electromagnético ambiental, por si el origen estaba en instalaciones eléctricas. En las viviendas de los quejosos no apareció ninguna fuente externa que se correspondiera con lo descrito.
Ese resultado admite dos lecturas, y las dos siguen vivas. La primera es que la señal existía, pero quedaba por debajo de lo que el despliegue podía aislar del ruido de fondo, o era intermitente y no coincidió con las ventanas de medición. La segunda es que la percepción se generaba dentro del sistema auditivo de cada persona, sin estímulo externo.
Lo que el episodio dejó claro es que el caso no se despacha llamando sugestión a los testigos. Quien busca zumbido de Taos hum se encuentra con dos bibliografías que apenas se citan entre sí: la de la acústica ambiental y la de la otología. El asunto solo se entiende leyendo las dos.
El zumbido de Taos hum y los casos que llegaron después
Taos no fue el primero ni el último. El patrón se repite con una regularidad que ya es un dato en sí misma: una comunidad, un tono grave persistente, una minoría que lo percibe con nitidez y una mayoría que no oye nada.
| Caso | Década | Qué se hizo | Situación |
|---|---|---|---|
| Bristol, Inglaterra | 1970 | Llamamiento en prensa al que respondieron cientos de personas | Se atribuyó en parte a tráfico e industria; nunca se cerró del todo |
| Taos, Nuevo México | 1990 | Micrófonos de baja frecuencia, sismómetros y sensores electromagnéticos | Sin fuente externa identificada |
| Kokomo, Indiana | 2000 | Estudio acústico encargado por el ayuntamiento | Dos fuentes industriales identificadas y corregidas |
| Auckland, Nueva Zelanda | 2000 | Grabación de un tono grave por acústicos universitarios | Señal registrada, origen no confirmado |
| Windsor, Ontario | 2010 | Campaña de medición financiada con fondos públicos | Asociado a actividad industrial al otro lado del río |
La lista es más larga: Largs en Escocia, Bondi en Australia, Hueytown en Alabama. Y existe desde hace más de una década un mapa colaborativo donde cualquiera puede registrar su caso, con miles de entradas en decenas de países. Es material útil para ver la distribución geográfica, con la limitación evidente de que todo es autodeclarado y sin verificar.
Kokomo, o cuando el culpable es un ventilador de torre de refrigeración

Kokomo es una ciudad industrial de Indiana. A finales de los noventa empezaron las quejas por un zumbido grave asociado a insomnio, náuseas y dolor de cabeza. El ayuntamiento hizo algo poco frecuente: en lugar de esperar a que el asunto se desinflara, encargó un estudio acústico independiente.
El estudio identificó dos fuentes. Una era el ventilador de una torre de refrigeración de una planta de automoción, que emitía un tono en torno a los 36 hercios. La otra era un compresor de aire de una fábrica de aleaciones, con una componente cercana a los 10 hercios, ya en pleno infrasonido. Las dos empresas aplicaron correcciones.
El desenlace es la parte instructiva. Con las fuentes corregidas, una parte de los afectados dejó de oír el zumbido y otra parte siguió con síntomas. Eso no invalida el hallazgo: significa que bajo una misma etiqueta convivían al menos dos fenómenos distintos, uno acústico y externo, otro que no desaparecía al apagar la máquina.
La lección práctica es que buscar la fuente merece la pena aunque el caso parezca imposible. Un tono de 36 hercios atraviesa paredes, recorre kilómetros con muy poca pérdida y entra en un dormitorio por la estructura del edificio, no por la ventana.
Windsor, o cuando el culpable está al otro lado de la frontera
En Windsor, Ontario, las quejas empezaron alrededor de 2011 con una particularidad: el sospechoso estaba en otro país. La isla Zug, en el río Detroit, alberga instalaciones siderúrgicas en territorio estadounidense, a pocos kilómetros de los barrios afectados.
Un programa de medición con financiación pública desplegó sensores durante meses a ambos lados del río. Registró un componente de baja frecuencia recurrente y encontró correlación con la actividad industrial de la isla, aunque la jurisdicción cruzada impidió entrar en las instalaciones para confirmarlo desde dentro.
Años después, cuando la actividad de los altos hornos de esa isla cesó, las quejas descendieron de forma llamativa. Es lo más parecido a un experimento controlado que existe en este asunto: se apaga la fuente candidata y el fenómeno se apaga con ella.
Windsor deja también una advertencia de método. Durante años se dio por hecho que un ruido audible en una ciudad tenía que originarse dentro de sus límites administrativos. Las bajas frecuencias no respetan ese supuesto, y tampoco respetan la distancia a la que se suele buscar.
Por qué el decibelio A no sirve para esto
Aquí está el nudo técnico del asunto, y explica por qué tantas denuncias vecinales acaban archivadas con un informe que dice que todo es correcto.
La medición estándar de ruido ambiental se expresa en decibelios con ponderación A. Esa ponderación imita la sensibilidad del oído a niveles bajos y, en consecuencia, resta muchos decibelios a las frecuencias graves: un tono de 31,5 hercios se penaliza en cerca de cuarenta decibelios. Un ruido perfectamente audible y perfectamente insoportable dentro de una habitación puede salir en el informe como un valor bajo y conforme a la norma.
La normativa lo tiene parcialmente previsto. En España, la Ley 37/2003 del Ruido y su reglamento de desarrollo contemplan correcciones cuando el ruido presenta componentes tonales o componentes de baja frecuencia, que se evalúan comparando la medición con ponderación C frente a la de ponderación A. Aplicar esas correcciones exige pedirlo de forma expresa y que quien mida disponga de análisis por bandas.
Hay un segundo problema, y es dónde se coloca el micrófono. Las bajas frecuencias forman ondas estacionarias dentro de una habitación, con máximos de presión en esquinas y paredes y mínimos en el centro. Medir en el punto equivocado puede dar diez decibelios de diferencia sobre el mismo ruido.
El zumbido que sí registra un sismómetro no es este
La confusión aparece en cuanto se busca información. La Tierra tiene un zumbido propio y continuo, documentado desde hace décadas con gravímetros y sismómetros de banda ancha: una oscilación libre del planeta en el rango de los milihercios, alimentada por la interacción del oleaje oceánico con el fondo marino y con la atmósfera. Las redes sísmicas cuyos datos publica el Servicio Geológico de Estados Unidos lo recogen a diario.
Ese zumbido está entre mil y diez mil veces por debajo del límite inferior de la audición humana, que ronda los veinte hercios. Nadie lo oye, ni podría oírlo. No guarda ninguna relación con el fenómeno vecinal, por mucho que compartan nombre.
Algo parecido pasa con los microbaromos, el infrasonido de alrededor de 0,2 hercios que genera la interacción de olas oceánicas y que detectan las estaciones de la red internacional de vigilancia. También son reales, también son inaudibles y también aparecen citados como explicación en foros donde se mezclan escalas que se diferencian en varios órdenes de magnitud.
La consecuencia práctica es simple. Cuando alguien afirma que un sismómetro registra el zumbido, casi siempre se refiere a otro fenómeno. Para lo que oyen los vecinos hace falta un micrófono capaz de trabajar entre 10 y 200 hercios y un análisis por bandas estrechas, no un sismómetro.
Lo que puede estar pasando dentro del oído
La segunda bibliografía es clínica. Los acúfenos, es decir, la percepción de un sonido sin fuente externa, afectan aproximadamente a una de cada diez personas adultas, con formas muy variadas. La mayoría se describe como un pitido agudo, pero existe una presentación de tono grave y continuo que encaja bastante bien con los relatos de zumbido.
Hay un detalle que descoloca a mucha gente. La audiometría clínica estándar explora desde los 125 hercios hacia arriba, así que un tono percibido en torno a los 40 o 50 hercios queda literalmente fuera de la gráfica que se le enseña al paciente. Eso refuerza la impresión de que no hay nada y de que nadie le está haciendo caso.
Se han propuesto las emisiones otoacústicas espontáneas como origen, pero encajan mal: son reales y frecuentes en oídos sanos, aunque suelen situarse en frecuencias altas y casi nunca resultan audibles para la propia persona. La hipótesis mejor sostenida hoy pasa por una hipersensibilidad a frecuencias bajas combinada con mecanismos centrales de amplificación, los mismos que explican otros acúfenos.
La prueba discriminante es sencilla y cualquiera puede hacerla. Si el zumbido persiste en una habitación insonorizada, con tapones y a cientos de kilómetros de casa, el origen es interno. Si desaparece al salir de la zona, es externo. Los materiales divulgativos sobre acúfenos del instituto estadounidense de sordera y trastornos de la comunicación describen el cuadro y sus opciones de manejo. Ante un zumbido persistente que altera el sueño, lo que corresponde es una consulta de otorrinolaringología, no un aparato de medición.
Por qué solo una parte del vecindario lo oye
Es la pregunta que convierte un problema de ruido en un caso de fenómeno inexplicable, y tiene varias respuestas que se suman entre sí.
La primera es fisiológica. La curva del umbral de audición se dispara en las frecuencias graves: para oír un tono de 30 hercios hace falta muchísima más presión sonora que para oír uno de mil. En esa zona de la curva la dispersión entre personas es enorme, de modo que un mismo nivel real queda por debajo del umbral de casi todo el mundo y por encima del de unos pocos. No hace falta nada raro para que solo lo perciba una minoría.
La segunda es arquitectónica. Las ondas estacionarias hacen que el mismo tono se oiga con claridad en un dormitorio y desaparezca en el de al lado. Dos vecinos del mismo edificio pueden discrepar de buena fe sobre si existe.
La tercera es el ruido de fondo. De noche, en una zona tranquila, desaparece el enmascaramiento del tráfico y el tono emerge. Por eso casi todos los relatos coinciden en la madrugada y en el silencio, y por eso las vacaciones en el campo agravan el problema en vez de aliviarlo.
La cuarta es la atención. Una vez identificado, el sonido pasa a estar monitorizado de forma continua, y esa vigilancia lo hace más audible y más molesto. No convierte el ruido en imaginario: es un mecanismo bien descrito en la literatura sobre molestia acústica, y explica que el problema empeore con el tiempo aunque la fuente no cambie. Ocurre algo parecido con el infrasonido en edificios con fama de encantados, donde una vibración inaudible produce una sensación corporal que se interpreta después.
Cómo caracterizar el propio zumbido paso a paso

Si alguien lo está oyendo ahora, este es el orden que siguen quienes investigan estos casos. Cada paso descarta algo concreto.
- Diario durante dos semanas. Hora de inicio y de fin, habitación, intensidad del uno al cinco, tiempo atmosférico y si hay obra o industria cerca funcionando.
- Prueba de traslado. Dormir dos noches a cincuenta kilómetros o más. Si el zumbido viaja con la persona, el origen es interno.
- Prueba de tapones. Con tapones bien colocados, un ruido externo baja de nivel y un acúfeno grave suele hacerse más evidente.
- Prueba del interruptor general. Cortar la electricidad de toda la vivienda durante una hora, de noche. Elimina de golpe frigorífico, caldera, transformadores y equipos propios.
- Recorrido por la casa. Buscar máximos y mínimos. Si suena más fuerte en las esquinas y en la planta baja, apunta a una onda estacionaria alimentada desde fuera o desde la estructura.
- Grabación con el equipo adecuado. Los micrófonos de móvil no son fiables por debajo de unos 60 hercios, así que una grabación limpia con el teléfono no demuestra nada. Hace falta un micrófono de medición o un acelerómetro apoyado en la pared.
- Buscar los 50 y los 100 hercios. En Europa, la frecuencia de red y su primer armónico son la firma típica de un transformador o de un motor. Si el análisis los muestra, la lista de sospechosos se acorta mucho.
- Mapa de fuentes. Subestaciones, estaciones de bombeo, climatización de superficies comerciales, ventilación de aparcamientos, aerogeneradores y puertos con buques con auxiliares en marcha.
- Revisión audiológica. Audiometría, otoemisiones y consulta específica por acúfeno de tono grave.
- Denuncia con datos. Registro municipal con el diario, las fechas y la petición expresa de medición con análisis por bandas y corrección por componentes de baja frecuencia.
Un zumbido persistente que impide dormir es un problema de salud aunque no se encuentre la fuente, y merece atención médica en paralelo a la investigación acústica. Este recorrido sirve para acotar, no para diagnosticar. La misma disciplina de descartar antes de interpretar es la que separa un hallazgo de una anécdota, ya se trate de luces sobre un pantano o de ruidos en una casa.
Preguntas frecuentes
¿Se llegó a resolver el caso de Taos?
No. La campaña de medición de 1993 no identificó ninguna fuente externa que explicara los relatos, y desde entonces no se ha publicado una explicación aceptada para ese caso concreto. Sí se han cerrado otros episodios del mismo tipo en otras ciudades.
¿Es lo mismo que un acúfeno?
En una parte de los casos, probablemente sí, en su variante de tono grave. En otros no, porque la fuente se localizó fuera de la vivienda y el ruido desapareció al corregirla. El error de fondo es dar por hecho que todos los casos comparten un mismo origen.
¿Pueden producirlo los aerogeneradores?
Producen ruido de baja frecuencia e infrasonido, pero a las distancias habituales de una vivienda los niveles medidos suelen quedar por debajo del umbral de audición. El componente audible y su modulación explican mejor la molestia declarada que el infrasonido propiamente dicho.
¿Por qué mi móvil no graba nada?
Porque los micrófonos de teléfono están filtrados por debajo de unos 60 hercios para eliminar el ruido de manejo y el viento. Justo el rango que interesa aquí es el que el aparato descarta antes de guardar el archivo.
¿A quién se reclama en España?
Al ayuntamiento, que es quien tiene la competencia sobre ruido ambiental y ordenanzas. Conviene pedir por escrito que la medición incluya análisis espectral y las correcciones por componentes tonales y de baja frecuencia previstas en la normativa.
