El viernes 13 de marzo de 1970, varios cientos de personas se congregaron ante las puertas del cementerio de Highgate, en el norte de Londres, después de que un programa de televisión local anunciara una «caza de vampiros» para esa misma noche. Parte de la multitud saltó los muros. Hubo carreras entre lápidas, botellas rotas contra las verjas y detenciones documentadas por la policía metropolitana. Los periódicos del día siguiente cubrieron la escena con fotografías que todavía circulan en libros sobre el caso.
El origen de aquella noche estaba en una carta publicada semanas antes en el periódico local Hampstead and Highgate Express, firmada por un vecino que decía haber visto una figura alta junto a las tumbas. La carta abrió una correspondencia de lectores que se prolongó durante meses, y que dos investigadores del ocultismo convirtieron en una disputa pública sobre quién tenía razón y quién había profanado qué sepultura.
Cinco décadas después, lo que consta en hemerotecas y en un expediente judicial real es bastante más prosaico que el «vampiro rey de los muertos vivientes» que aún se menciona en algunas visitas nocturnas de la zona. Y también bastante más dañino para el patrimonio del cementerio de lo que sugiere cualquier relato sobrenatural, porque el episodio dejó tumbas rotas, criptas forzadas y una reputación que la propia institución que hoy lo gestiona sigue teniendo que explicar a cada visitante.
Seis hechos antes de la leyenda
- La carta que lo empezó todo existe y está fechada. Apareció en el Hampstead and Highgate Express a comienzos de 1970.
- La convocatoria de la «caza» salió de la televisión, no de ningún aviso oficial. Un programa local difundió fecha y lugar de encuentro.
- Hubo multitud real y daño real. La prensa de la semana siguiente describe tumbas dañadas y arrestos.
- Dos investigadores rivales sostuvieron versiones incompatibles del mismo episodio, sin aportar entre ambos ninguna prueba pericial.
- Uno de ellos fue condenado años después por delitos relacionados con daños a tumbas y restos humanos, en un proceso distinto al de la caza de 1970.
- El cementerio sigue en pie y hoy lo gestiona una fundación privada que solo permite el acceso mediante visita guiada.
El cementerio de Highgate antes de 1970
Highgate abrió en 1839 como uno de los grandes cementerios ajardinados que Londres construyó fuera del casco histórico para aliviar los camposantos parroquiales, saturados y a menudo insalubres tras décadas de crecimiento urbano sin planificación. Su trazado, con avenidas curvas, criptas familiares talladas en la ladera y una avenida egipcia que todavía sorprende a quien la visita por primera vez, se pensó como un paseo tanto para los deudos como para los visitantes curiosos, en la misma tradición que otros grandes cementerios victorianos de la época.
Para mediados del siglo XX, la parte más antigua del recinto, conocida como el lado oeste, llevaba años sin el mantenimiento inicial. La vegetación había invadido senderos y tumbas, varias criptas estaban parcialmente derrumbadas y el acceso nocturno era, en la práctica, poco vigilado por un personal reducido que apenas podía cubrir el perímetro completo. Ese abandono real, no metafórico, es la condición de partida que explica por qué el lugar resultó tan fácil de convertir en escenario de una leyenda: paredes bajas, vegetación que oculta a quien se cuela y una vigilancia insuficiente para un recinto de ese tamaño.
La carta al director que encendió la mecha
A finales de 1969 y comienzos de 1970, el Hampstead and Highgate Express publicó varias cartas de lectores sobre apariciones en la zona del cementerio: una figura alta con mirada hipnótica, una monja fantasmal que cruzaba el camino principal, un ciclista fantasma en la carretera contigua que aparecía y desaparecía sin motivo. Entre los firmantes estaba David Farrant, entonces al frente de una pequeña asociación local dedicada al estudio de fenómenos psíquicos, que relató un encuentro propio sin aportar más detalle que su propia palabra.
La correspondencia de lectores, un formato habitual en la prensa local británica de la época, funcionó como caja de resonancia: cada carta nueva alimentaba la siguiente, y en pocas semanas el asunto había dejado de ser un intercambio de anécdotas para convertirse en un tema con nombre propio en la comarca, lo bastante conocido como para que un equipo de televisión decidiera cubrirlo en directo.
Dos hombres, dos versiones del mismo cementerio
David Farrant defendía una versión relativamente contenida: una presencia inquietante, sin origen concreto, avistada por varios vecinos de forma independiente a lo largo de los meses anteriores. Sean Manchester, que se presentaba como obispo de una iglesia católica ortodoxa propia y como cazador de vampiros con experiencia previa, sostuvo una historia mucho más elaborada: un noble de Europa del Este, trasladado a Highgate en ataúd durante el siglo XVIII por seguidores ocultistas que se habrían instalado en la zona, y reactivado siglos después mediante un ritual satánico moderno practicado por un grupo local.
Ninguno de los dos relatos cuenta con respaldo documental anterior a 1970 que lo sostenga. Es importante distinguir aquí lo que consta —la correspondencia de prensa, el episodio del 13 de marzo, el proceso judicial posterior— de lo que son afirmaciones personales de dos investigadores que, además, mantuvieron una disputa pública y prolongada sobre cuál de los dos era el auténtico responsable del caso y quién estaba, según el otro, inventándoselo por completo.
Manchester llegó a publicar un libro completo sobre el caso años después, con su propia cronología de encuentros e intervenciones, mientras que Farrant respondió con sus propios folletos y, más tarde, con entrevistas en las que acusaba a su rival de haber magnificado unos hechos mucho más modestos que los que él mismo había presenciado. Ese tira y afloja editorial se prolongó, con distintos formatos, durante casi medio siglo.
La noche del 13 de marzo, minuto a minuto

Según la cobertura de prensa de la semana, la multitud comenzó a reunirse a primera hora de la tarde frente a la entrada principal, animada por el anuncio televisivo y por el boca a boca en los pubs de la zona durante los días previos. Un equipo de televisión grabó a parte de los asistentes, muchos atraídos simplemente por la expectativa de un espectáculo nocturno, no por convicción sobrenatural alguna, en lo que hoy se reconocería como un fenómeno de curiosidad colectiva más que de creencia compartida.
Con el cierre de las puertas, un grupo saltó los muros perimetrales por varios puntos a la vez, lo que dificultó cualquier intento de control por parte del personal del cementerio. La policía metropolitana intervino ante los daños en tumbas y la presencia de personas dentro del recinto tras el horario de cierre, y se practicaron detenciones esa misma noche por allanamiento y daños. Ningún informe policial de la época recoge el hallazgo de nada que pudiera calificarse de sobrenatural: lo documentado es la aglomeración, el vandalismo puntual y la respuesta ordinaria del orden público ante una multitud fuera de control.
El cuerpo hallado en agosto de 1970
Meses después de la caza televisada, se encontró en el cementerio un cuerpo decapitado y parcialmente quemado, que había sido extraído de una tumba existente sin autorización. El hallazgo se documentó en prensa local y llegó a investigación policial, con fotografías de la escena que se conservan en los archivos de la época. Las autoridades lo relacionaron con la fascinación pública en torno al cementerio, sin que constase en su momento una identificación pública de un responsable concreto para ese hecho aislado, algo que sigue sin resolverse con nombre y apellido.
Este episodio conviene separarlo con cuidado del resto de la historia: es el punto donde el relato deja de ser puro folclore urbano y pasa a ser, también, un caso real de profanación de una tumba, con consecuencias forenses y policiales verificables que en nada dependen de creer o no en la existencia de vampiros.
El proceso judicial contra David Farrant
En 1974, Farrant fue procesado y condenado por varios cargos relacionados con daños a monumentos funerarios y con la manipulación de restos humanos dentro del cementerio de Highgate, en un caso distinto del episodio de 1970 pero enmarcado en los mismos años de actividad ocultista en el recinto y en cementerios cercanos de la zona norte de Londres. Cumplió una pena de prisión tras la sentencia, dictada por un tribunal ordinario y cubierta con detalle por la prensa nacional, no solo la local. El proceso, con su expediente y su cobertura de prensa, es el único punto de toda la historia respaldado por una resolución judicial firme y consultable.
Manchester, por su parte, no fue objeto de un proceso equivalente por los hechos que él mismo relataba sobre el supuesto vampiro, y continuó publicando su versión de los acontecimientos durante décadas sin que mediara nunca una investigación judicial sobre esas afirmaciones concretas, algo que sus críticos han señalado repetidamente como una asimetría relevante entre los dos protagonistas del caso.
Lo que la prensa sensacionalista añadió por su cuenta
Los tabloides de la época encontraron en el caso un material perfecto: titulares con la palabra vampiro en portada, fotografías de tumbas rotas tomadas al amanecer y declaraciones contradictorias de dos hombres que se acusaban mutuamente de fraude y de invención. Cada nueva entrega alimentaba la siguiente, en un ciclo de retroalimentación entre la cobertura y el propio fenómeno que describía, hasta el punto de que resulta difícil separar, en algunos relatos de la época, qué parte del relato surgió de un testigo real y qué parte se añadió para completar un titular.
Ese mecanismo, una ambigüedad inicial, dos figuras dispuestas a disputarse la autoridad sobre el relato y una prensa que necesita renovar titulares cada semana, no es exclusivo de Highgate, pero pocas veces quedó tan bien documentado en actas, hemeroteca y sentencia judicial a la vez, lo que convierte a este caso en un ejemplo de manual sobre cómo se construye un pánico de cementerio en tiempo real.
Qué hicieron los dos investigadores el resto de sus vidas
Farrant mantuvo su propia organización y publicó libros con su versión de los hechos hasta su muerte en 2019, insistiendo en una explicación más moderada que la de su rival y presentándose, en sus últimas entrevistas, como la parte razonable de una disputa que él consideraba exagerada por el otro bando. Manchester continuó afirmando, en publicaciones propias, haber neutralizado al vampiro en distintas ocasiones a lo largo de los años siguientes, incluida una supuesta intervención posterior muy citada por sus seguidores y recogida en varios de sus propios libros sobre el caso.
Ambos relatos siguen siendo, a día de hoy, afirmaciones personales sin verificación externa independiente. Ninguna institución académica ni forense ha examinado jamás una prueba física presentada por ninguno de los dos que respalde la existencia de la criatura que describían, y ambos mantuvieron hasta el final versiones que se contradecían entre sí en detalles básicos del propio relato.
Un patrón que ya se había visto en otros cementerios británicos
Highgate no fue el primer cementerio inglés en protagonizar una aglomeración de curiosos atraídos por rumores de apariciones. Los historiadores que han estudiado el folclore fantasmal británico documentan episodios parecidos en distintas décadas del siglo XX: una carta de un vecino publicada en la prensa local, un rumor que se extiende de boca en boca por los pubs de la zona, y una noche concreta en la que decenas o cientos de personas se congregan en torno a un cementerio con la esperanza de presenciar algo fuera de lo común.
Lo que distingue a Highgate de esos precedentes es la combinación exacta de factores que se dieron a la vez: una prensa local dispuesta a publicar cartas de lectores sin verificar su contenido, un programa de televisión que convirtió el rumor en una cita con hora y lugar concretos, y dos investigadores rivales que necesitaban mantener vivo el caso para sostener su propia reputación pública ante sus respectivos seguidores. Sin cualquiera de esos tres elementos actuando a la vez, es dudoso que la aglomeración de marzo de 1970 hubiera llegado a producirse con esa magnitud ni con esa repercusión posterior.
El cementerio de Highgate hoy: gestión y restauración

La fama del caso y el deterioro acumulado llevaron a la creación en 1975 de una fundación de voluntarios dedicada a restaurar y proteger el recinto, hoy responsable de su conservación diaria y de organizar las visitas guiadas que permiten conocerlo sin poner en riesgo el patrimonio funerario que alberga. El acceso libre y nocturno que hizo posible el episodio de 1970 ya no existe: la entrada está regulada por horarios y grupos reducidos, y cada tumba catalogada cuenta con su propio expediente de conservación, revisado periódicamente por el equipo técnico de la fundación.
Esa gestión profesional es, en cierto modo, la respuesta más eficaz que ha encontrado el propio cementerio frente a la leyenda: menos abandono, menos acceso sin control y, con ello, muchas menos oportunidades para que se repita un episodio parecido al de aquella noche de marzo, medio siglo después convertida en material de estudio para quien quiere entender cómo se fabrica, paso a paso, un pánico colectivo con nombre y apellido, con protagonistas dispuestos a disputarse su autoría durante el resto de sus vidas.
Preguntas frecuentes
¿Se ha demostrado la existencia de algún vampiro en el cementerio de Highgate?
No. Ninguno de los dos investigadores que popularizaron el caso ha presentado jamás una prueba física examinada por una institución independiente, y todo lo que circula sobre el supuesto vampiro procede de sus propios relatos personales, publicados sin contraste externo.
¿Qué fue exactamente lo que ocurrió la noche del 13 de marzo de 1970?
Una multitud convocada por un reportaje de televisión se congregó junto al cementerio, parte de ella saltó los muros perimetrales y se produjeron daños a tumbas y detenciones documentados por la policía y la prensa local de la semana siguiente.
¿David Farrant fue condenado por el episodio de la caza de vampiros?
Fue condenado en 1974, pero por cargos relacionados con daños a tumbas y restos humanos en un caso distinto, no por los hechos concretos de la noche de marzo de 1970, que en sí misma no derivó en cargos formales contra él.
¿Se puede visitar hoy el cementerio de Highgate?
Sí, mediante visita guiada organizada por la fundación que lo gestiona desde 1975, que regula el acceso por horarios y grupos reducidos y se ocupa de la conservación continuada de las tumbas históricas.
¿Por qué Farrant y Manchester mantuvieron su disputa durante tantos años?
Ambos construyeron parte de su reputación pública sobre versiones incompatibles del mismo caso, y ninguno reconoció nunca la versión del otro como válida, lo que alimentó un enfrentamiento que se prolongó en libros y entrevistas hasta la muerte de Farrant en 2019.
¿Existió alguna vez un cuerpo real vinculado al caso?
Sí, el hallazgo de agosto de 1970 de un cadáver decapitado y quemado, extraído de una tumba sin autorización, es un hecho documentado por la policía y la prensa de la época, aunque nunca se identificó públicamente a un responsable concreto para ese episodio.
