La calabaza fue y volvió: qué documenta la etnografía del Samaín

Cada octubre se repite la misma discusión: si Halloween es una fiesta comercial estadounidense sin raíces reales, o si esconde algo más antiguo. Las dos cosas son verdad a la vez, y la etnografía permite separar con bastante precisión qué parte viene de una Irlanda rural de hace más de mil años y qué parte se añadió en el siglo pasado a un lado y otro del Atlántico.

El objeto que mejor resume ese recorrido es la propia calabaza: no nació en Halloween, ni siquiera existía en Europa cuando se fijaron las tradiciones que dieron origen a la fiesta. Llegó después, desde América, y con ella el símbolo terminó de cerrar un círculo que había empezado siglos antes en la otra dirección.

Este artículo recorre ese círculo completo con las fuentes que lo sostienen en cada tramo: textos medievales irlandeses, un poema escocés del siglo XVIII, registros de prensa de la emigración del XIX y la propia historia agrícola de la calabaza como cultivo americano.

La misma fecha, un viaje de ida y vuelta

Antes de entrar en el detalle documental, conviene tener claro el esquema completo: una festividad gaélica marca el final de la cosecha en Irlanda y Escocia, la emigración del siglo XIX la lleva a Norteamérica, allí se transforma y se comercializa durante el siglo XX, y en las últimas décadas regresa a Europa ya convertida en la fiesta que hoy se reconoce en cualquier escaparate.

Ese recorrido de ida y vuelta explica por qué muchas personas en España asocian Halloween exclusivamente con Estados Unidos, sin saber que buena parte de sus elementos centrales tienen un origen bastante más antiguo y bastante más cercano geográficamente al continente europeo.

Qué es el Samaín en las fuentes medievales irlandesas

El Samaín aparece mencionado en varios textos medievales irlandeses redactados por monjes cristianos a partir de una tradición oral anterior, entre ellos relatos del ciclo del Ulster como los que narran las hazañas del héroe Cú Chulainn. En esos textos, el Samaín se presenta como una fecha de fuerte carga simbólica, asociada a reuniones, asambleas y acontecimientos importantes de la narración.

Marcaba, en el calendario agrícola gaélico, el final de la temporada de cosecha y el inicio del periodo oscuro del año, un punto de inflexión práctico y no solo simbólico para comunidades que dependían directamente del ciclo agrícola y ganadero.

En ese calendario, el año gaélico se dividía en dos grandes mitades, una luminosa y otra oscura, y el Samaín marcaba precisamente el tránsito hacia la mitad oscura, del mismo modo que otra fecha, situada seis meses después, marcaba el tránsito de vuelta hacia la mitad luminosa. Esa estructura de calendario en dos mitades está documentada en varias fuentes independientes del mundo celta insular.

El origen del Samaín, antes de que existiera Halloween

El origen del Samaín es, por tanto, gaélico y precristiano en su núcleo, documentado a través de fuentes escritas ya en época cristiana pero que remiten a una práctica anterior. No hay ninguna mención histórica a calabazas, disfraces comerciales ni caramelos en estas fuentes: esos elementos pertenecen a capas mucho más recientes de la tradición.

Lo que sí documentan las fuentes y la etnografía posterior son hogueras rituales, encuentros comunitarios y juegos de adivinación relacionados con el futuro del año que empezaba, prácticas registradas en distintas regiones de Irlanda y Escocia hasta bien entrado el siglo XIX.

La noche en que el otro mundo se abría

Un elemento central de la creencia asociada al Samaín era la idea de que, en esa noche concreta, la frontera entre el mundo de los vivos y el de los seres del otro mundo se volvía más débil de lo habitual, permitiendo el paso en ambas direcciones.

De esa creencia derivan varias prácticas documentadas: dejar comida fuera de casa como ofrenda, evitar caminar solo por ciertos lugares considerados umbral, y la costumbre de disfrazarse, que en su forma más antigua servía para confundir a los seres sobrenaturales que pudieran andar sueltos esa noche, no para pedir dulces de puerta en puerta.

Los juegos de adivinación que se practicaban esa noche

Buena parte de las costumbres rurales asociadas a esta fecha en Irlanda y Escocia no tenían que ver con el miedo, sino con la adivinación del futuro, sobre todo en cuestiones de matrimonio, tan relevantes para la vida de una comunidad agrícola como la propia cosecha.

Entre los juegos documentados están morder una manzana flotando en un barreño de agua sin usar las manos, quemar avellanas en pareja junto al fuego para predecir si una relación duraría, o arrojar cáscaras de manzana peladas de un solo trazo por encima del hombro para leer en su forma la inicial de un futuro cónyuge.

Estos juegos, lejos de ser un invento romántico posterior, están recogidos con notable detalle en fuentes escritas de finales del siglo XVIII, lo que confirma que la fecha combinaba desde antiguo un componente de temor ritual con otro mucho más lúdico y social.

Robert Burns y el primer catálogo literario de las costumbres

El poeta escocés Robert Burns escribió en 1785 un poema titulado precisamente Halloween, en el que describe con detalle etnográfico considerable buena parte de estos juegos y creencias tal como se practicaban en las zonas rurales de Escocia de su época.

Ese poema es hoy una de las fuentes literarias más citadas por los folcloristas para reconstruir cómo era la fiesta antes de su transformación comercial posterior, precisamente porque describe prácticas concretas y no una versión ya idealizada o simplificada de la tradición.

Historia de Stingy Jack y el nabo tallado

La costumbre de tallar una cara en un tubérculo y colocar dentro una brasa o una vela procede del folclore irlandés y escocés, vinculado tradicionalmente al relato de un personaje conocido como Jack el Tacaño, condenado a vagar eternamente con una sola brasa dentro de un nabo hueco tras haber engañado al diablo.

De ese relato deriva la expresión inglesa que da nombre a la linterna tallada, usada en las islas británicas mucho antes de que ese mismo término pasara a designar la calabaza tallada que hoy se asocia con Halloween en todo el mundo.

El nabo y la remolacha forrajera, más pequeños y más duros de vaciar que una calabaza, eran los materiales disponibles en Europa para esta costumbre, y se siguieron usando en algunas zonas rurales de Irlanda y Escocia hasta bien entrado el siglo XX.

Vaciar un nabo con las herramientas de cocina disponibles en una casa rural del siglo XIX era, según describen distintos testimonios recogidos por folcloristas, una tarea que exigía bastante más fuerza y paciencia que hacer lo mismo con una calabaza, un detalle práctico que ayuda a entender por qué la sustitución posterior se adoptó con tanta facilidad y tan poca resistencia por parte de quienes ya conocían la costumbre original.

Por qué la Iglesia puso Todos los Santos justo al lado

La fiesta cristiana de Todos los Santos se celebra el uno de noviembre, justo al día siguiente del Samaín, y su víspera dio nombre en inglés a la palabra Halloween, contracción de la expresión que designa esa noche previa a la festividad católica.

Entre los historiadores del calendario litúrgico existe un debate abierto sobre si esa cercanía de fechas responde a un intento deliberado de la Iglesia por sustituir una fiesta pagana previa con una celebración cristiana, o si se debe a otros motivos administrativos del calendario eclesiástico medieval. Ninguna de las dos posturas cuenta hoy con una prueba documental que zanje la discusión de forma definitiva.

Lo que sí está bien documentado es que, con el paso de los siglos, ambas tradiciones —la agrícola gaélica y la religiosa cristiana— convivieron y se mezclaron en las mismas comunidades rurales, compartiendo fecha y algunas prácticas.

Trick or treat: de dónde sale exactamente la fórmula

La costumbre de pedir comida de puerta en puerta tiene, en realidad, dos raíces británicas distintas que terminaron confluyendo. Una es el llamado souling, la práctica medieval de pedir un pastel dulce a cambio de rezar por las almas de los difuntos de la casa visitada, asociada a la festividad cristiana de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos.

La otra es el guising, documentado en Escocia e Irlanda, en el que niños disfrazados iban de casa en casa recitando un poema, cantando o haciendo algún pequeño truco a cambio de fruta, frutos secos o alguna moneda, sin el componente religioso explícito del souling.

La fórmula concreta en inglés que hoy se asocia a esta costumbre se popularizó ya en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX, a través de la prensa y de las primeras celebraciones comerciales organizadas, uniendo en una sola expresión ambas tradiciones británicas de origen independiente.

Antes de esa fórmula fija, distintas comunidades de emigrantes usaban expresiones propias para pedir en las puertas, y la unificación en una sola frase reconocible en todo el país fue, en buena medida, obra de la industria del entretenimiento infantil y de las tiras cómicas de la época, que repitieron la fórmula hasta convertirla en el estándar que hoy se conoce en todo el mundo de habla inglesa.

La emigración que llevó la tradición al otro lado del Atlántico

Barco de vela antiguo atracado en un puerto brumoso al amanecer
Bengt Nyman / BY 3.0

La gran oleada de emigración irlandesa y escocesa hacia Estados Unidos durante el siglo XIX, intensificada de forma dramática por la hambruna irlandesa de mediados de siglo, llevó consigo las costumbres asociadas a esta noche del calendario, entre ellas el disfraz, la petición de comida de puerta en puerta y la linterna tallada.

En las comunidades de emigrantes de las ciudades estadounidenses, estas prácticas se fueron mezclando con costumbres locales y con tradiciones de otras comunidades europeas también instaladas en el mismo territorio, dando forma a una fiesta híbrida distinta de cualquiera de sus fuentes originales por separado.

Los periódicos locales de finales del siglo XIX en distintas ciudades estadounidenses con fuerte presencia de comunidad irlandesa ya recogían crónicas de fiestas y reuniones sociales asociadas a esta fecha, un rastro documental que permite fechar con bastante precisión el momento en que la costumbre dejó de ser exclusiva de la comunidad inmigrante y empezó a extenderse al resto de la población.

De nabo a calabaza: un cambio práctico, no simbólico

Campo agrícola con numerosas calabazas naranjas recién cosechadas sobre la tierra
Forest and Kim Starr / BY 3.0

El cambio de material para la linterna tallada, del nabo europeo a la calabaza americana, responde a una razón puramente práctica: la calabaza es un cultivo nativo de América, mucho más grande, más blanda y más fácil de vaciar y de tallar que un nabo o una remolacha forrajera.

No hubo ningún cambio de significado detrás de esa sustitución. Los inmigrantes que ya conocían la costumbre del nabo tallado adoptaron simplemente el material disponible que mejor servía para el mismo propósito, y esa adaptación práctica es la que terminó fijando la imagen que hoy se reconoce en todo el mundo.

El regreso: cómo Halloween volvió a Europa ya americanizado

Durante buena parte del siglo XX, Halloween se consolidó en Estados Unidos como una fiesta infantil y comercial, con disfraces de fabricación industrial, reparto sistemático de caramelos y una estética propia muy alejada de sus orígenes rurales agrícolas.

Fue esa versión, ya transformada y comercializada, la que regresó a Europa desde finales del siglo XX, difundida en gran medida a través del cine, la televisión y el comercio minorista, y adoptada en países como España sin una tradición local previa equivalente y directamente asociada a esa fecha concreta.

El resultado es una fiesta que muchas personas en Europa perciben como puramente importada de Estados Unidos, cuando en realidad su núcleo más antiguo salió originalmente de las islas británicas, siguiendo el mismo camino que tantas otras tradiciones de folclore agrícola trasladadas por comunidades emigrantes.

En la propia Irlanda, este regreso comercial generó un debate cultural interesante: parte de la población percibió la versión americanizada como una importación ajena, mientras que otra parte la reconoció como el desarrollo natural, aunque muy transformado, de una tradición que nunca había dejado de celebrarse localmente de forma más discreta durante todo el siglo XX.

Lo que la etnografía puede confirmar y lo que no

Elemento Estado documental
Samaín como fiesta agrícola gaélica precristiana Documentado en fuentes medievales
Creencia en el debilitamiento de la frontera entre mundos Documentado por la etnografía posterior
Relato de Stingy Jack y el nabo tallado Documentado en el folclore irlandés y escocés
Motivo exacto de la fecha de Todos los Santos Debatido entre historiadores
Llegada a América vía emigración del siglo XIX Documentado
Cambio de nabo a calabaza por disponibilidad Documentado

Preguntas frecuentes

¿El Samaín y Halloween son exactamente la misma fiesta?

No. Halloween es una evolución moderna y comercial que incorpora elementos del Samaín gaélico junto con aportaciones cristianas y con la transformación sufrida en Estados Unidos durante el siglo XX.

¿Existen registros escritos del Samaín anteriores a la cristianización de Irlanda?

No directamente. Las fuentes escritas más antiguas que lo mencionan son ya de época cristiana, aunque los investigadores consideran que reflejan una práctica oral anterior a la llegada del cristianismo a la isla.

¿Por qué en España no existía una tradición equivalente antes de la llegada de Halloween?

España cuenta con tradiciones propias de fechas cercanas, como las asociadas a Todos los Santos y al Día de los Difuntos, pero con un origen y un desarrollo distintos al de la tradición gaélica que dio lugar a Halloween.

¿Se sigue usando el nabo tallado en alguna parte?

En algunas zonas rurales de Irlanda y Escocia se mantiene como costumbre puntual o como reconstrucción histórica, aunque la calabaza es hoy, con diferencia, el material dominante en cualquier celebración.

¿Cuándo empezó a popularizarse Halloween en España concretamente?

La expansión comercial y social de la fiesta en España se acelera sobre todo desde finales del siglo XX, coincidiendo con una mayor exposición al cine y a la cultura popular estadounidense entre las generaciones más jóvenes.

¿Qué papel tuvo Robert Burns en documentar estas costumbres?

Su poema de 1785 recoge con detalle juegos y creencias practicados en Escocia esa noche, y se ha convertido en una fuente literaria de referencia para reconstruir la fiesta antes de su transformación comercial en Estados Unidos.

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Rastrea el origen documental de leyendas y de los lugares que arrastran fama de encantados. Se ocupa del folclore y de los relatos de lugar. Trabaja con archivos y prensa local antes que con testimonios de segunda mano.

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