Parece posesión y es una parasomnia

Una mujer de treinta y ocho años se incorpora en la cama a la hora y media de dormirse, con los ojos abiertos y las pupilas dilatadas. Grita algo que no se entiende. Empuja a quien intenta sujetarla, con una fuerza que a su pareja le parece imposible. Dos minutos después vuelve a tumbarse y sigue durmiendo. Por la mañana no recuerda nada y se enfada cuando se lo cuentan.

La escena está descrita en los manuales de medicina del sueño con ese nivel de detalle, y también en cuatro siglos de literatura sobre posesión demoníaca. Coinciden en casi todo: la hora, la mirada, la fuerza, la incoherencia verbal, la amnesia posterior y la negativa del afectado a aceptar el relato ajeno.

Lo que sigue es el método para ordenar un episodio nocturno de este tipo: en qué fase del sueño ocurre cada cuadro, qué aspecto tiene desde fuera, qué lo distingue de una crisis epiléptica y qué se registró en los tribunales que tuvieron que decidir sobre un acto cometido dormido. Nada de lo que viene sustituye a una consulta médica; sirve para saber qué contar en ella.

Lo que conviene tener claro antes de seguir

  • La hora manda. Primer tercio de la noche apunta a sueño profundo; segunda mitad y madrugada apuntan a fase REM.
  • La amnesia es la norma en los despertares confusionales y en los terrores nocturnos, y no en el trastorno de conducta del sueño REM.
  • Los ojos abiertos no significan despierto. Es el rasgo que más asusta y el que menos informa.
  • La frecuencia importa más que la intensidad. Un episodio aislado en un niño es corriente; varios por semana en un adulto, no.
  • Hay una bandera roja clara: episodios muy estereotipados, breves y repetidos varias veces en la misma noche.
  • El diagnóstico se hace con vídeo y registro simultáneo de sueño, no con el relato del día siguiente.

Qué se ve desde fuera durante un episodio

Quien presencia uno de estos cuadros describe casi siempre los mismos elementos, y esa uniformidad es el primer indicio de que se trata de fisiología y no de otra cosa. La persona parece despierta pero no responde a su nombre, o responde con una palabra suelta que no encaja. La mirada está fija o recorre la habitación sin detenerse en nada.

Hay actividad motora, y ahí está la mayor parte del susto. Puede ser un tanteo con las manos, un intento de levantarse, un forcejeo con las sábanas o una carrera hacia la puerta. La coordinación es tosca, la persona tropieza con muebles que conoce de memoria y no protege la cara si cae. El habla, cuando la hay, es mal articulada o directamente ininteligible.

El componente vegetativo completa el cuadro: taquicardia, sudoración, respiración rápida y a veces un grito inicial muy agudo. Y el final es abrupto. La persona se calma sola, vuelve a dormir y a la mañana siguiente no aporta ningún recuerdo del contenido, salvo a veces una imagen suelta y muy breve.

Las parasomnias del sueño profundo, una por una

La clasificación internacional de los trastornos del sueño agrupa las parasomnias en tres bloques: las del sueño no REM, las del sueño REM y un grupo mixto. Las del primer bloque comparten origen, mecanismo y momento de la noche, y son las que más se confunden con un fenómeno sobrenatural.

Los despertares confusionales son el cuadro más leve. La persona se incorpora, mira alrededor, habla de forma desordenada, puede responder mal a una pregunta sencilla y vuelve a dormirse. Sin grito, sin salir de la cama, sin miedo aparente. Son muy frecuentes en niños pequeños y suelen pasar desapercibidos.

El sonambulismo añade la conducta motora compleja. Andar, abrir puertas, vestirse, mover objetos, salir de casa, conducir en casos excepcionales. Se estima que en torno a uno de cada cinco niños ha tenido al menos un episodio y que en la edad adulta la prevalencia baja a una franja de pocos puntos porcentuales, con un componente familiar que los estudios sobre gemelos y árboles genealógicos han documentado bien.

Los terrores nocturnos son la versión con máxima activación vegetativa y máximo miedo aparente. Grito, expresión de pánico, agitación intensa, imposibilidad de consolar y amnesia completa. Duran de segundos a unos minutos. Al terror nocturno se le atribuye la mayoría de las escenas que la tradición leyó como ataque de un espíritu.

Por qué ocurre en la primera parte de la noche

El sueño se organiza en ciclos de aproximadamente noventa minutos, y el sueño de ondas lentas, el más profundo, se concentra en los primeros ciclos. A medida que avanza la noche, esa fracción disminuye y aumenta el sueño REM. Por eso el reloj es la primera herramienta diagnóstica que tiene cualquiera en casa.

Las parasomnias no REM aparecen en la transición de salida del sueño profundo, cuando algo interrumpe ese estado y el paso a la vigilia se hace de forma incompleta. Ese algo puede ser un ruido, un contacto físico, una apnea, una pierna que se mueve o un dolor. De ahí la recomendación de no zarandear a alguien que está en un episodio: la sacudida es exactamente el estímulo que lo prolonga.

Los factores que aumentan la presión de sueño profundo aumentan también la probabilidad de episodio: privación de sueño previa, fiebre, alcohol, algunos fármacos hipnóticos y sedantes, estrés y trabajo a turnos. Es la explicación de por qué muchos episodios se agrupan en semanas concretas y luego desaparecen durante meses.

El cerebro partido en dos estados a la vez

Electrodos de registro cerebral colocados sobre el cuero cabelludo con cables ordenados
Shixart1985 / BY 2.0

La idea que ordena todo lo anterior es la de disociación de estados. El sueño y la vigilia no son un interruptor sino un conjunto de sistemas que pueden desacoplarse, de modo que unas regiones del cerebro entran en vigilia mientras otras siguen en sueño profundo.

Los registros publicados durante episodios espontáneos, muy escasos porque exigen que el episodio ocurra dentro del laboratorio, apuntan en esa dirección. Las áreas motoras y las estructuras implicadas en la emoción y en la conducta automática muestran activación, mientras las regiones frontales y parietales asociadas a la conciencia reflexiva, al juicio y a la formación de recuerdos mantienen actividad lenta propia del sueño.

Ese reparto explica el cuadro completo sin necesidad de nada más. Hay conducta compleja porque el sistema motor funciona. No hay juicio ni miedo racional porque la corteza frontal no participa. No hay recuerdo porque el hipocampo no está codificando. Y hay una emoción intensa y sin contexto porque las estructuras límbicas trabajan sin supervisión.

El trastorno de conducta del sueño REM es otra cosa

El segundo bloque de parasomnias funciona al revés y conviene no mezclarlo. Durante el sueño REM el cuerpo mantiene una parálisis muscular activa que impide ejecutar lo que se sueña. Cuando ese mecanismo falla, la persona representa el contenido onírico: golpea, patea, grita, salta de la cama.

Los rasgos que lo distinguen son tres. Ocurre en la segunda mitad de la noche, cuando abunda el sueño REM. La persona se despierta con facilidad al final del episodio y está orientada de inmediato. Y sí recuerda el sueño, que además encaja con lo que hacía: casi siempre una escena de defensa o de huida frente a una agresión.

Hay un motivo clínico de peso para identificarlo. El trastorno de conducta del sueño REM en su forma llamada aislada se asocia con fuerza a enfermedades neurodegenerativas que aparecen años o décadas después, y en las series de pacientes seguidos durante más de una década la conversión es mayoritaria. No es una noticia agradable, pero convierte el diagnóstico en una oportunidad de seguimiento temprano, y esa es la razón por la que ningún adulto que da patadas dormido debería quedarse sin consultar.

Lo que no es parasomnia y se le parece

El diagnóstico diferencial más importante son las crisis epilépticas del lóbulo frontal durante el sueño. Producen conductas motoras extrañas, a veces violentas o de aspecto teatral, con vocalizaciones, y se han confundido durante años con terrores nocturnos o incluso con episodios psicógenos.

Hay criterios que orientan. Las crisis son muy breves, de segundos a un par de minutos, y muy estereotipadas: el mismo movimiento con el mismo orden en cada episodio. Se repiten varias veces en la misma noche, pueden aparecer en cualquier momento de ella y a veces también despierto. Las parasomnias, en cambio, son variables entre episodios, más largas y no se agrupan.

Están además los episodios disociativos relacionados con el sueño, que surgen en vigilia tras un despertar y no desde el sueño, y que se dan sobre todo en personas con antecedentes de trauma. Y las conductas nocturnas asociadas a fármacos, a apneas graves o a consumo de alcohol, que no son un trastorno propio sino la consecuencia de otra cosa que hay que tratar.

Cuadro de diferencias, elemento a elemento

Rasgo Parasomnia no REM Trastorno de conducta REM Crisis nocturna
Momento de la noche Primer tercio Segunda mitad y madrugada Cualquiera
Duración De un minuto a media hora Segundos a pocos minutos Muy breve, casi siempre bajo dos minutos
Repetición en la misma noche Rara Posible Frecuente
Aspecto entre episodios Variable Variable Idéntico, muy estereotipado
Recuerdo posterior Ninguno o mínimo Sueño detallado y coherente Variable, a veces aura
Estado al terminar Confuso, vuelve a dormir Orientado enseguida Confuso o normal
Edad típica de inicio Infancia Después de los cincuenta Cualquiera

Ninguna fila de esta tabla sirve por sí sola. El diagnóstico se construye combinándolas, y siempre queda un margen que solo se resuelve registrando una noche entera.

Íncubo, mara y el vocabulario anterior a la neurología

La descripción del ataque nocturno es una de las más estables del folclore europeo. Un peso sobre el pecho, una presencia en la habitación, la imposibilidad de moverse o de gritar, y una sensación de amenaza concreta. El nombre cambia de una lengua a otra y casi siempre alude a algo que se sienta encima o que oprime.

Buena parte de ese material corresponde a la parálisis del sueño, que es un fenómeno distinto y con su propio mecanismo: la atonía del sueño REM que persiste unos segundos después de despertar, acompañada de alucinaciones hipnopómpicas. Está bien descrita y su recorrido cultural se ha estudiado en detalle, como se resume en el análisis del fenómeno y de sus versiones populares.

El resto, los episodios con movimiento, grito y fuerza, encaja mejor con los terrores nocturnos y con el sonambulismo. Y una parte de los relatos domésticos de golpes, puertas y objetos movidos de noche que se archivan como actividad inexplicable tiene la misma raíz: alguien de la casa se levantó dormido, hizo algo y no lo recordó. Es una de las hipótesis que aparecen al revisar lo que encontraron los investigadores de casos de poltergeist cuando se quedaron a dormir en la vivienda.

Los casos judiciales en que se alegó sonambulismo

Cuando alguien comete un acto grave durante un episodio, el problema deja de ser clínico y pasa a ser jurídico: si no hubo voluntad consciente, no hay responsabilidad penal en el sentido habitual. Los tribunales de varios países han tenido que resolver eso con la medicina del sueño de cada momento.

El caso más citado ocurrió en Canadá en 1987. Un hombre de veintitrés años condujo de noche unos kilómetros hasta la casa de sus suegros, agredió a ambos y causó la muerte de su suegra. Alegó sonambulismo, aportó antecedentes familiares y personales de parasomnia, y fue absuelto en 1988. El fallo se recurrió y el tribunal supremo del país confirmó la absolución en 1992, sentando doctrina sobre lo que allí se denomina automatismo no derivado de enfermedad mental.

No todas las alegaciones prosperan. En Arizona, a finales de los años noventa, un hombre acusado de la muerte de su esposa sostuvo la misma defensa; el jurado la rechazó y hubo condena, entre otras razones por la secuencia de actos deliberados que siguió al hecho. En el Reino Unido hay sentencias en ambas direcciones, y en varias de ellas la discusión no fue si la persona dormía, sino cómo clasificar jurídicamente ese estado.

Lo que estos procesos han dejado es un estándar probatorio más exigente. Hoy se espera historia previa documentada, informe de un especialista en sueño, registro de laboratorio cuando es posible y ausencia de motivo racional. Sin ese conjunto, la alegación no se sostiene sola.

Qué se hace en un laboratorio de sueño

Cama de laboratorio de sueño con equipo de registro y monitores encendidos al lado

La prueba de referencia es la videopolisomnografía: una noche completa con registro simultáneo de actividad cerebral, movimientos oculares, tono muscular del mentón y de las extremidades, electrocardiograma, flujo respiratorio, esfuerzo torácico, saturación de oxígeno y vídeo con infrarrojos sincronizado con todo lo anterior.

Ese montaje responde tres preguntas de golpe. En qué fase de sueño surge el episodio. Si hay o no atonía muscular durante el REM, que es el marcador clave del trastorno de conducta. Y si hay un desencadenante identificable, como apneas repetidas o movimientos periódicos de piernas, que a veces es lo único que hay que tratar para que los episodios desaparezcan.

La limitación conocida es que el episodio puede no aparecer esa noche. Por eso el vídeo doméstico tiene valor real: una grabación con el móvil desde un punto fijo de la habitación, con hora visible, aporta a la consulta mucho más que cualquier descripción. Los sistemas públicos de salud, como el servicio nacional británico, describen esta prueba y sus indicaciones en información dirigida a pacientes.

Qué hacer en casa y cuándo pedir cita

  1. Asegure el entorno antes que nada. Cerrar con llave puertas de salida, retirar objetos cortantes, poner una barrera en la escalera y evitar la litera superior. Es la medida que más daño previene.
  2. No despierte a la fuerza. Acompañe con voz tranquila y guíe de vuelta a la cama. Sujetar o gritar prolonga el episodio y aumenta el riesgo de forcejeo.
  3. Anote hora exacta y duración. Tres semanas de registro con hora de acostarse, hora del episodio y qué pasó ese día resuelven la mitad de las dudas.
  4. Revise lo evitable. Sueño insuficiente, alcohol por la noche, cambios de turno y fármacos nuevos son los desencadenantes más frecuentes y los más fáciles de corregir.
  5. Grabe si puede. Un vídeo de treinta segundos vale más que la descripción más detallada.
  6. Consulte sin demora si hay lesiones, si los episodios empiezan en la edad adulta, si son muy breves y repetidos en la misma noche, o si la persona representa sueños de defensa. Estos cuatro supuestos no son para esperar.

Preguntas frecuentes

¿Es peligroso despertar a un sonámbulo?

No es peligroso para él en el sentido que dice la creencia popular, pero es contraproducente. El despertar brusco desde sueño profundo produce confusión, puede desencadenar una reacción defensiva y prolonga el episodio. Lo indicado es guiar con suavidad de vuelta a la cama y hablar poco.

¿La fuerza inusual durante un episodio es real?

Lo que hay es una conducta sin la modulación habitual. Quien está despierto ajusta la fuerza al contexto y se detiene ante el dolor propio o ajeno; en un episodio esa regulación no funciona, de modo que el empujón se ejecuta a plena potencia. La impresión de fuerza sobrehumana viene de ahí y no de una capacidad nueva.

¿Se puede hablar con alguien durante un episodio y obtener respuestas?

A veces se obtienen palabras sueltas o frases cortas, casi siempre desconectadas de la pregunta. Esa comunicación parcial es uno de los rasgos que más alimentó la interpretación de posesión, porque parece que responde otro. Corresponde a la activación de circuitos del lenguaje sin control frontal.

¿Los niños que tienen terrores nocturnos los arrastran de adultos?

La mayoría no. El cuadro es propio de la infancia y tiende a desaparecer con la adolescencia, cuando disminuye la proporción de sueño profundo. La persistencia en la edad adulta o la aparición nueva después de los treinta años sí merece valoración.

¿Puede alguien cometer un delito dormido y quedar impune?

Ha ocurrido, y los fallos citados en este artículo son públicos, pero es excepcional y el estándar de prueba es alto. Se exige historia previa, informe especializado, coherencia entre el acto y lo que la parasomnia permite, y ausencia de motivo. Una alegación sin ese respaldo se rechaza.

¿Sirven de algo los aparatos que dicen medir el sueño?

Para estimar horarios y regularidad, sí. Para diagnosticar una parasomnia, no: no distinguen fases con fiabilidad suficiente ni registran conducta. Los institutos públicos de investigación biomédica, entre ellos el organismo estadounidense de salud, mantienen material divulgativo sobre trastornos del sueño que ayuda a preparar la consulta. Ante síntomas persistentes, la valoración presencial es insustituible.

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Explica qué ocurre en el cerebro cuando alguien vive algo que parece imposible. Firma los artículos de percepción y de experiencias cercanas a la muerte. Cita estudios concretos y señala cuando la evidencia es débil.

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