Varamientos masivos de ballenas y delfines: qué sabe realmente la ciencia

De vez en cuando, en distintos puntos del planeta, decenas o incluso cientos de ballenas o delfines quedan varados simultáneamente en una playa, incapaces de regresar al mar por sí mismos. Es un fenómeno real, documentado desde hace siglos y estudiado de forma sistemática por biólogos marinos, especialmente en especies como los calderones o ballenas piloto, los cachalotes y varias especies de delfines oceánicos.

Ya Aristóteles, en su Historia de los animales, dejó constancia de que los delfines a veces quedaban varados en la costa sin causa aparente, lo que demuestra que la humanidad lleva observando y tratando de explicar este fenómeno desde hace más de dos mil años.

A diferencia de lo que sugieren muchos titulares sensacionalistas, los varamientos masivos no tienen una única causa misteriosa. La investigación científica ha identificado varios mecanismos reales, bien documentados y no excluyentes entre sí, que ayudan a explicar por qué animales tan adaptados al océano terminan atrapados en la orilla.

Errores de navegación y el campo magnético terrestre

Una de las hipótesis más estudiadas es que ciertas especies, como los calderones y los cachalotes, dependen en parte de su capacidad para percibir el campo geomagnético terrestre como referencia de navegación en mar abierto. Algunos investigadores han encontrado correlaciones entre episodios de varamiento y anomalías geomagnéticas o periodos de intensa actividad solar, que pueden alterar temporalmente ese campo.

La idea es que estos animales, al recorrer largas distancias en aguas profundas donde no hay referencias visuales, podrían seguir mentalmente «líneas» del campo magnético, de forma parecida a como lo hacen aves y tortugas migratorias. Una alteración geomagnética localizada podría, en teoría, desorientarlos y llevarlos hacia una costa donde el patrón magnético coincide con lo que normalmente asociarían con mar abierto.

Es importante ser precisos: esta es una hipótesis seria, respaldada por estudios correlacionales, pero no la única explicación ni necesariamente la más frecuente. Forma parte de un conjunto de factores que los científicos deben evaluar caso por caso.

El sonar militar: la causa mejor demostrada

Si hay un mecanismo que la ciencia ha logrado establecer con un nivel de evidencia particularmente sólido, es el vínculo entre ciertas frecuencias de sonar naval y los varamientos, sobre todo en zifios o ballenas picudas, un grupo de cetáceos de buceo profundo especialmente sensible.

Investigaciones revisadas por pares, basadas en necropsias de numerosos casos documentados —entre ellos el varamiento de varios zifios en las Bahamas en el año 2000, coincidente con ejercicios navales que empleaban sonar—, han asociado determinadas frecuencias de sonar militar con desorientación aguda y con lesiones compatibles con la enfermedad por descompresión, similar a la que sufren los buceadores humanos que ascienden demasiado rápido.

Se cree que el sonido intenso provoca en estos animales un ascenso anómalamente rápido desde grandes profundidades, generando burbujas de nitrógeno en los tejidos y llevándolos a varar, desorientados y heridos. Este es, en la actualidad, uno de los mecanismos causales más y mejor documentados de todo el campo de estudio de los varamientos.

Enfermedad y toxinas producidas por algas

Otro factor real y bien documentado es la enfermedad, incluyendo la exposición a biotoxinas marinas producidas por floraciones de algas nocivas. Un ejemplo especialmente estudiado es el ácido domoico, una neurotoxina generada por ciertas diatomeas que se acumula en peces y otros organismos que después son consumidos por mamíferos marinos.

La intoxicación por ácido domoico puede provocar convulsiones, desorientación grave y daño cerebral en leones marinos, delfines y otras especies, lo que ha sido vinculado a episodios concretos de varamiento en la costa oeste de Estados Unidos. En estos casos, la necropsia y el análisis de tejidos permiten confirmar la presencia de la toxina como factor determinante.

Cuando el vínculo social convierte un caso aislado en una tragedia masiva

Un factor de comportamiento, tan real como los anteriores, resulta clave para entender por qué los varamientos de especies como los calderones suelen ser masivos en lugar de individuales. Estas ballenas viajan en grupos familiares extremadamente unidos, con vínculos sociales muy fuertes entre sus miembros.

Cuando un integrante del grupo, a veces enfermo, herido o desorientado por alguna de las causas anteriores, queda varado, el resto de la manada tiende a permanecer cerca o a seguirlo hacia la costa, incluso cuando esos otros individuos están perfectamente sanos. Este comportamiento, bien documentado por los biólogos marinos, explica por qué un solo animal en dificultades puede arrastrar consigo a decenas de compañeros sanos.

La forma de la costa también influye

Por último, la geografía del litoral desempeña un papel en algunos casos. Las costas de pendiente suave, con fondos arenosos o fangosos, pueden interferir con la ecolocalización de ciertas especies cuando se acercan demasiado a la orilla, dificultando que detecten a tiempo que están entrando en aguas peligrosamente someras.

Estas son precisamente las zonas donde se concentran históricamente más varamientos en determinadas regiones del mundo, lo que refuerza la idea de que la configuración del terreno submarino es un factor de riesgo adicional, aunque rara vez actúa como causa única.

Un punto del planeta donde ocurre una y otra vez

Hay lugares del mundo donde la geografía convierte los varamientos masivos en un suceso recurrente en lugar de excepcional. Uno de los más estudiados es Golden Bay, junto a la lengua de arena de Farewell Spit, en el extremo norte de Nueva Zelanda: una bahía de pendiente extremadamente suave, con un banco de arena que se extiende varios kilómetros mar adentro, donde se han registrado, a lo largo de décadas, varamientos repetidos de calderones, a veces de cientos de individuos a la vez.

La combinación de una costa que apenas cambia de profundidad a lo largo de una gran distancia, junto con el comportamiento social de los calderones, hace de esta bahía neozelandesa un caso de estudio recurrente para los biólogos marinos que investigan cómo la topografía submarina puede confundir la ecolocalización de estos animales cuando se aproximan demasiado a la costa persiguiendo presas o escapando de depredadores como las orcas.

Una investigación caso por caso

La conclusión más honesta que ofrece la ciencia actual es que no existe una explicación universal para todos los varamientos masivos. Cada episodio se investiga de forma individual, combinando necropsias, análisis toxicológicos, revisión de datos ambientales y, cuando corresponde, el registro de actividad naval en la zona.

  • Errores de navegación asociados a anomalías geomagnéticas o actividad solar.
  • Sonar militar de ciertas frecuencias, vinculado a lesiones de tipo descompresivo en ballenas de buceo profundo.
  • Enfermedad y biotoxinas, como el ácido domoico producido por floraciones de algas nocivas.
  • Fuertes vínculos sociales que llevan a manadas enteras a seguir a un individuo en apuros.
  • Geografía costera desfavorable para la ecolocalización cerca de la orilla.

En la mayoría de los episodios documentados, la causa real resulta ser una combinación de varios de estos factores actuando a la vez, no uno solo. Un calderón enfermo por una toxina puede desorientarse, acercarse a una costa de pendiente suave y, al varar, arrastrar tras de sí a toda su manada por simple lealtad social.

Lejos de ser un misterio sin resolver, los varamientos masivos representan un ejemplo de cómo la ciencia marina aborda un fenómeno complejo: sin prisa por encontrar una única explicación espectacular, sumando evidencia de necropsias, oceanografía, toxicología y comportamiento animal hasta reconstruir, caso por caso, lo que realmente ocurrió.

Written By

More From Author

You May Also Like

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *